
Esta es una foto de una salida de campo que tuvimos hace poco, a un puerto de acá de Yucatán que se llama San Felipe. Este es un amigo mío en el momento en que pescó una barracuda cuando íbamos en la lancha, lo cual nos alimentó por ese día, y, hay que decirlo, también alimentó bastante a su ego.
Con todo lo que pescamos en esta salida, me fue inevitable ponerme a pensar en la muerte horrible que tienen los desdichados peces. Imagínate que vas tú muy campante por la playa, y que de pronto, tu amigo te dice "mira, un sandwich", y cuando tú le das una mordida descubres que tenía un anzuelo oculto entre la lechuga y el jamón, y sin poderte resistir una fuerza superior a la tuya te jala hacia el mar, y tus labios están atrapados, y aunque te retuerces no te puedes zafar, y no puedes respirar y te quedas así hasta que te asfixias por completo.
Pues creo que así más o menos se sienten los peces cuando los pescamos. Ojalá que no vaya a pasar que algún día evolucionen y ellos nos pesquen así a nosotros.
Por otro lado, la barracuda estuvo bastante sabrosa.